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Compositores · Ars Nova

Guillaume
de Machaut

c.1300 — 1377

El primer compositor moderno

Era un poeta que componía música y un músico que escribía poesía — y en el siglo XIV, eso era todavía la misma cosa. Machaut es el pivote entre el mundo medieval anónimo y la era del compositor con nombre propio.

El secretario
del rey ciego

Guillaume de Machaut nació hacia 1300, probablemente en Machault, un pequeño pueblo en la región de Champaña. Se sabe poco de su infancia y formación; los primeros datos concretos de su vida aparecen ya en la treintena, cuando figura como secretario y capellán de Juan de Bohemia, uno de los grandes príncipes caballerescos de la Europa del siglo XIV. El servicio a Juan marcaría su vida durante quince años. El rey era ciego desde 1340 —una ceguera que contrajo y que nunca lo detuvo, ni en la política ni en la guerra—, y Machaut era sus ojos, su pluma, su memoria. Viajaron juntos por Polonia, Lituania, Italia, Luxemburgo. El secretario medieval era algo entre un asistente ejecutivo y un cronista: lo veía todo y lo anotaba todo. Machaut fue un observador extraordinario de su tiempo, y eso impregna toda su obra.

El vínculo con Juan terminó en 1346 de una manera que no se olvida fácilmente. En la batalla de Crécy, Juan de Bohemia, ciego y ya anciano para los estándares de la época, insistió en combatir. Lo hizo a la manera que habría hecho un caballero de novela: mandó que sus caballeros ataran las riendas de sus caballos a las suyas para que pudieran llevarlo al corazón de la batalla. Allí murió. El ejército inglés lo encontró rodeado de sus caballeros, todos muertos juntos, los caballos todavía atados. Machaut no estuvo en el campo —era secretario, no guerrero—, pero su relato de los años con Juan es una de nuestras fuentes principales para esa historia. Crecy fue el fin de una era caballeresca que Machaut había vivido desde adentro.

Después de Juan, Machaut encontró nuevos patrones entre la nobleza francesa: el duque de Normandía (futuro Carlos V), Bonne de Luxemburgo, el rey de Navarra. Se estableció como canónigo en Reims —una posición que le daba estabilidad económica sin exigirle demasiado— y allí pasó el resto de su larga vida componiendo, escribiendo y supervisando la compilación de sus propias obras. La Peste Negra de 1348 arrasó Europa durante esos años; Machaut la sobrevivió, aunque no sin trauma. El Jugement du Roy de Navarre, escrito poco después de la primera oleada de la plaga, abre con una descripción de la peste que es uno de los testimonios literarios más directos del siglo XIV sobre ese horror.

Pero quizás el episodio más íntimo y más extraño de la vida de Machaut es el que él mismo documentó con más detalle. Hacia 1362, cuando tenía alrededor de sesenta años, recibió cartas de una joven llamada Peronne d'Armentières, de unos dieciocho años, que decía haberlo amado desde que conoció su poesía. El intercambio epistolar se convirtió en una relación —poética, sentimental, probablemente no del todo platónica— que Machaut decidió documentar en una obra de nueve mil versos con cuarenta y seis piezas musicales intercaladas: Le Voir Dit, el Relato Verdadero. Es el autorretrato más completo de cualquier artista medieval, y también el documento más desconcertante: un hombre de sesenta años describiendo, con una honestidad perturbadora, el amor, los celos, la vejez, el deseo, la vanidad.

El arte nuevo
de medir el tiempo

El término Ars Nova —Arte Nuevo— viene de un tratado teórico de Philippe de Vitry, contemporáneo y probable conocido de Machaut. El «arte nuevo» en cuestión era ante todo rítmico: el siglo XIV desarrolló un sistema de notación que permitía expresar duraciones hasta entonces inescribibles. El ritmo binario (dos por dos, el ritmo «imperfecto» que la teoría medieval veía con cierta desconfianza) se volvió tan legítimo como el ternario. Las divisiones del tiempo se multiplicaron. La complejidad rítmica que esto hizo posible es, para el oído moderno, asombrosa: los motetes del Ars Nova pueden superponer tres textos diferentes en tres voces que funcionan en proporciones de duración distintas, de modo que los tres ciclos se alinean solo al final de la obra. No es un experimento abstracto: suena, y suena de una manera que no se parece a nada anterior.

Machaut trabajó en este mundo nuevo con una libertad y una maestría que ningún otro compositor del siglo XIV iguala. Pero su genio no estaba en la complejidad por la complejidad. Sus canciones —baladas, rondeaux, virelais— pueden ser de una sencillez melódica que engaña: parecen simples hasta que uno intenta analizar la textura rítmica debajo de la melodía y descubre que las voces funcionan en planos de tiempo relacionados pero no idénticos, como ruedas de tamaños distintos que giran juntas. El efecto es una música que flota, que nunca parece del todo asentada en el tiempo, que tiene una ambigüedad rítmica que el siglo XX habría llamado «groove».

La Francia del siglo XIV era un mundo de guerra, plaga y desintegración. Machaut vivió todo eso y respondió con una obra de una elaboración y una refinada belleza casi escandalosas frente a la catástrofe. El arte como resistencia tiene muchas formas.

El contexto político era igualmente convulso. La Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra comenzó en 1337; la Peste Negra en 1348; el Gran Cisma de la Iglesia en 1378, un año después de la muerte de Machaut. La nobleza que Machaut sirvió —Juan de Bohemia, Carlos V, la familia real francesa— estaba en el centro de todas estas crisis. Que en ese contexto se produjera una música de tan alta sofisticación técnica y tan íntima sensibilidad emocional no es una paradoja: es quizás la explicación. Cuando el mundo exterior es caos, el arte puede volverse hacia adentro con una concentración que la estabilidad no permite.

Poesía, música
y la misma cosa

Machaut dominó todos los géneros disponibles en su época —y los redefinió. Lo extraordinario es que su obra poética y su obra musical no pueden separarse sin perder ambas: él concebía el poema como material para la música y la música como extensión de la poesía, y supervisó manuscritos en los que ambas están entrelazadas con un cuidado editorial sin precedente en la Edad Media.

Música sagrada
Messe de Nostre Dame (c.1364)
La primera mise en musique del Ordinario de la Misa por un único compositor conocido. Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei, Ite missa est: seis movimientos de un rigor arquitectónico y una fuerza expresiva que no tienen precedente. El Kyrie, en particular, es una introducción tan poderosa que podría justificar por sí sola su lugar en la historia de la música occidental.
Motetes (23 en total)
Los motetes son el laboratorio técnico de Machaut. Muchos son isorítmicos: la voz del tenor repite una melodía preexistente (un cantus firmus) en un patrón rítmico fijo que se repite con variaciones de velocidad. Sobre esa arquitectura, las otras voces despliegan textos y melodías propias. La superposición de tiempo y sentido es el efecto más característico del Ars Nova.
Música secular
Baladas (42 polofónicas)
La balada es la forma más elaborada del repertorio secular de Machaut. Tres estrofas, cada una con estructura AAB, texto siempre de su propia pluma. En sus baladas a tres voces, la textura es rica, los cromatismos sutiles, y la relación entre el texto y la música es de una sensibilidad que anticipa el madrigal renacentista.
Rondeaux (21 polofónicos)
La forma más compacta y más ingeniosa. El rondeau tiene una estructura circular donde la vuelta del estribillo recontextualiza lo que vino antes. Machaut lleva esta circularidad al extremo en Ma fin est mon commencement: un canon donde el tenor canta el texto al revés mientras el cantus lo canta hacia adelante. La música es literalmente su propio espejo.
Virelais y Lais
Los virelais son más populares en tono y a menudo monofónicos —una sola voz—, lo que los hace los más accesibles del catálogo de Machaut. Los lais son las obras más extensas y ambiciosas formalmente: estructuras de doce estrofas que exploran toda la gama de posibilidades métricas y melódicas del siglo XIV.
Obras literarias con música
Le Voir Dit (c.1362–1365)
El «relato verdadero» de su amor tardío con Peronne d'Armentières: nueve mil versos de poesía narrativa entrelazados con cuarenta y seis piezas musicales. El documento literario-musical más íntimo de la Edad Media y el autorretrato más detallado de cualquier compositor antes del Renacimiento.

El poeta
en la batalla

Crécy: el rey ciego carga

Juan de Bohemia era un monarca de una teatralidad caballeresca que roza lo inverosímil. En 1346, ciego desde hacía seis años, decidió participar en la batalla de Crécy. No como observador: en el combate. Ordenó a sus caballeros más cercanos que ataran las riendas de sus caballos a las del suyo para que pudieran guiarlo al centro del combate. El ejército inglés con sus arqueros de arco largo era ya una fuerza moderna que estaba destruyendo la caballería medieval. Juan cargó de todas formas. Lo encontraron muerto entre sus caballeros atados, todos juntos, como si nadie hubiera intentado escapar. Machaut no estuvo en el campo, pero era quien escribía las crónicas de Juan. Esa lealtad hasta el absurdo, esa elegancia trágica, vivió en su imaginación el resto de su vida. La música de Machaut tiene algo de eso: una dignidad que no se dobla.

Le Voir Dit: el amor tardío documentado

En 1362, con alrededor de sesenta años y una fama considerable, Machaut comenzó a recibir cartas de Peronne d'Armentières, una joven de unos dieciocho años que decía amarlo por su poesía. Lo que siguió fue una relación documentada con una honestidad casi cruel: Machaut escribió sobre sus celos cuando Peronne tardaba en responder, sobre su inseguridad ante la diferencia de edad, sobre sus visitas y sus separaciones, sobre los rumores que circulaban y que lo mortificaban. La convirtió todo en un libro. Lo tituló Le Voir Dit —El Relato Verdadero— y lo diseminó entre sus patrones. Una relación amorosa de un anciano con una joven, documentada en tiempo real por el propio anciano y distribuida como si fuera literatura: no existe nada parecido en el siglo XIV, y muy poco parecido en cualquier siglo.

El archivista de sí mismo

Machaut supervisó la compilación de sus manuscritos con un cuidado que no tiene precedente entre los artistas medievales. Los principales manuscritos de su obra —conservados hoy en la Bibliothèque nationale de France— están organizados por él mismo: primero los dits (poemas narrativos), luego los motetes, luego las ballades, los rondeaux, los virelais, los lais. Cada categoría en su lugar, en el orden que él decidió. Anotó, corrigió, supervisó la iluminación de algunos. Este comportamiento —pensar en la obra como un legado que hay que organizar y proteger— es profundamente moderno. Ningún compositor anterior lo había hecho. La noción de «obras completas» como objeto cultural que existe independientemente de su creador nace aquí, en los manuscritos que Machaut compiló en Reims durante sus últimos años.

La Messe y la coronación

Durante mucho tiempo se creyó que la Messe de Nostre Dame fue compuesta para la coronación de Carlos V en 1364, que tuvo lugar en Reims —donde Machaut era canónigo. La historia es perfecta: el compositor más importante de su tiempo, en su propia ciudad, escribiendo la primera misa polifónica completa para la coronación del rey al que servía. La musicología moderna ha cuestionado esta fecha y ha situado la misa varios años antes, probablemente compuesta para la liturgia de la catedral de Reims en memoria de su hermano Juan. No importa demasiado: la obra existe, y es de una grandeza que no necesita anécdota para justificarse. Pero la imagen de Machaut supervisando su interpretación en la catedral gótica de Reims mientras Carlos V era ungido rey de Francia resulta difícil de abandonar del todo.

El pivote entre
dos mundos

Machaut no es solo el compositor más importante del siglo XIV. Es el punto donde el mundo musical medieval se convierte en algo que puede ser llamado —con cautela, pero con justicia— moderno. El compositor con nombre propio, la obra como legado, la forma musical como vehículo de expresión personal: estas ideas que hoy parecen evidentes empiezan con él.

01
La Messe de Nostre Dame: primer Ordinario polifónico completo de un solo compositor. No es la primera misa polifónica de la historia —hay ejemplos anteriores de movimientos aislados—, pero es la primera vez que un compositor concibe y ejecuta el Ordinario completo como una obra unificada. Eso define un modelo para los siguientes dos siglos de composición sacra.
02
La codificación de las formes fixes. Machaut no inventó la balada, el rondeau ni el virelai, pero los llevó a una perfección que se convirtió en modelo. Sus formas fueron el punto de partida para todo el siglo XV. Dufay, Binchois y la generación que siguió aprendieron su oficio en los manuscritos de Machaut.
03
El isorhythm: arquitectura temporal de una complejidad nueva. El motete isorítmico —con su patrón rítmico fijo (talea) aplicado a una melodía fija (color) que se repiten en proporciones variables— es el invento técnico más sofisticado del Ars Nova. Machaut lo llevó a una elaboración que no sería superada hasta siglos después.
04
El compositor como figura pública con identidad propia. Machaut firmó sus obras, supervisó su transmisión, escribió sobre su propia vida y su proceso creativo. Esto era radicalmente nuevo. El mundo medieval había producido música extraordinaria de autores anónimos. Machaut insistió en no ser anónimo. Esa insistencia cambió algo fundamental en la historia del arte.
05
La integración de texto y música como práctica consciente. En las canciones de Machaut, la música refleja el texto con un grado de intencionalidad que anticipa lo que el Renacimiento llamará musica reservata y que el Barroco desarrollará en la teoría de los afectos. La inflexión de la melodía sobre una palabra específica no es casual en Machaut: es una elección que él tomó y supervisó.
Para entender su lugar: Machaut es al siglo XIV lo que Bach al Barroco — no el inicio del período sino su culminación perfecta, el punto donde todo lo anterior se sintetiza y todo lo siguiente encuentra su punto de partida.

Por dónde
empezar

La música de Machaut requiere un ajuste del oído. La tonalidad, el ritmo, la textura —todo funciona de acuerdo a reglas distintas de las que heredamos del siglo XVIII. Lo mejor es escuchar sin intentar analizar demasiado las primeras veces, y dejar que el extrañamiento haga su trabajo. Suena distinto, pero no suena lejano.

01
Messe de Nostre Dame (completa)
Treinta minutos de la música más importante del siglo XIV. El Kyrie es el punto de entrada: cinco voces —o cuatro, según el manuscrito— moviéndose en proporciones rítmicas distintas hacia un objetivo común. Que esto fue compuesto hace casi 700 años resulta difícil de procesar mientras se escucha.
c.1364 · aprox. 30 min
02
Ma fin est mon commencement (rondeau)
El rondeau palindrómico: el tenor canta el texto al revés mientras el cantus lo canta hacia adelante. Dura menos de tres minutos y es la pieza más ingeniosamente construida de todo el siglo XIV. Escuchar esto es escuchar a alguien que entiende que la forma puede ser la idea.
Rondeau · c. 3 min
03
Douce dame jolie (virelai)
El más famoso de sus virelais, monofónico y accesible: una sola voz lamentándose de una dama cruel. Aquí desaparece la complejidad técnica y queda solo la melodía y el sentimiento. Prueba de que Machaut podía conmover sin recurrir al andamiaje del Ars Nova cuando el momento lo pedía.
Virelai · c. 5 min
04
Rose, liz, printemps, verdure (rondeau)
Un ejemplo perfecto de su estilo lírico a tres voces. Las cuatro palabras del primer verso —rosa, lirio, primavera, verdura— son arquetipos de la poesía amorosa medieval, y Machaut los trata con una música de una delicadeza armónica que no envejece. Una buena introducción a su mundo más íntimo.
Rondeau · c. 3 min
05
De toutes flours (balada)
Una balada de tres voces de textura lujosa, con cromatismos discretos que dan a la armonía un color ligeramente inestable, como si la música no terminara de decidirse entre la resolución y la suspensión. Los mejores momentos de Machaut suenan así: a punto de resolverse pero nunca del todo.
Balada · c. 4 min
06
Felix virgo / Inviolata / Ad te suspiramus (motete)
Un motete isorítmico de arquitectura compleja: tres textos distintos en tres voces, los tiempos entrelazados según proporciones fijas. Lo que parece un ejercicio académico suena, en la práctica, como algo vivo y extrañamente misterioso. El punto de entrada al mundo del motete del Ars Nova.
Motete isorítmico · c. 7 min
07
Lasse! comment oublierai (balada)
Una de las piezas de Le Voir Dit: material directamente autobiográfico, la voz del hombre anciano que no puede olvidar a la joven que ama. La melodía tiene una urgencia que, conociendo el contexto, resulta casi incómoda de escuchar. Machaut no enmascaró la emoción con distancia artística; la puso en primer plano.
Balada · c. 4 min
08
Mout m'abelist (lai)
Un lai de doce estrofas que muestra el rango completo de invención melódica y métrica de Machaut. Los lais son sus obras más largas y menos grabadas; esta es una buena puerta de entrada a un género que merece más atención de la que normalmente recibe fuera de los especialistas.
Lai · c. 15 min